Responsabilidad en la educación: descuido de los padres v/s exigencias a profesores.



Jorge L. Pizarro Pardo

Prof. Historia y Ciencias Sociales.


      Qué somos realmente?, ¿somos profesionales de la educación, o, niñeros?

      Desde antes de titularme y ejercer me hago esta pregunta que casi nadie, por lo menos en el medio universitario quiso responder. Si bien es cierto el hecho de que lo que hacemos en educación es en mucha parte valorico. Nuestras opiniones, juicios –políticos o bien pensantes- son expresión de nuestra estructura intelecto-emocional y valorativa.


      Ya que este es el terreno mental en que nos movemos a diario, independientemente de nuestras especialidades, y en este mismo es en donde marcamos la diferencia y formamos íntegramente en la medida de nuestro tiempo y posibilidades.

      No obstante, ¿Qué pasa en las familias y hogares?, ¿Qué pasa con el aporte fundamental en materia moral, ética o valores de parte de los padres? Generalmente toda esta carga debe ser asumida en condiciones -extra o intra- educacionales por los profesores. Entonces, ¿Quién se hace cargo de jóvenes violentos, con problemas de drogadicción, con muy bajo aprecio por la educación y por el trabajo de sus profesores? Esto, lo veo día a día en el colegio en el que trabajo. En este medio veo siempre a padres justificándose de manera patética de cómo están acongojados por los problemas de sus hijos y de cuan aburridos los tienen. En general les hago la misma pregunta a todos: ¿ustedes (ambos padres) trabajan?, ¿Cuánto tiempo le dedican a su hijo, sus problemas y el avance en sus estudios?

      La mayoría me responde que no tienen tiempo por que trabajan, que no tienen el tiempo suficiente para hacerse cargo de sus hijos, que les dan todo –en cosas, no en afecto-, que la niñera hace todo lo que puede, que ellos se sacrifican por sus hijos trabajando. Pero jamás he escuchado –salvo honrosas excepciones- que asumen su descuido y su falta de interés por sus hijos, jamás he escuchado una opinión sincera respecto a que lo que nosotros los profesores hacemos es mucho en relación a lo poco que ellos, los padres, hacen. Y sin embargo se nos sigue acicateando y enrostrando en todo momento que lo nuestro es vocación, algo así como un llamado de dios, una tarea monástica y dedicada al dios de la educación… ¿Y el profesionalismo qué?

      La respuesta podría estar no en el mejoramiento de infraestructura, en los medios y sueldos –que si son necesarios por lo demás-, en la administración, que se yo. La solución debe estar en que la sociedad debe comprender que el profesor es un “profesional de la educación”, no un monje, no un padre Flanagan, no un mártir. La educación no necesita mártires, necesita padres más preocupados de sus hijos, de formarlos en valores y una ética ciudadana, que dejen a los profesores hacer su trabajo, que comprendan donde comienza su propia labor y empieza la del profesor.

      Si bien es cierto, me preocupo por los problemas de mis alumnos, lo guio en materia ética o en cuanto a valores se refiere. Siempre que tengo una reunión de apoderados les indico a los padres que la principal educación –aquella que les corresponde por naturaleza- es de guiar y formar humanamente a sus hijos y no delegar esas funciones en quienes solo complementamos esos valores, ética, moral o lo que sea, de manera integral en función a nuestros contenidos y especialidad.  Pero lamentablemente, siempre veo lo contrario, una sonrisa culpable y una frase típica…estoy trabajando en eso. Lo lamentable es que no se nota porque sigo viendo alumnos con cortes en los brazos,  drogados y alcoholizados. Todo en un lindo y acomodado ambiente familiar.
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