En búsqueda de la motivación en historia

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Cada profesor que se enfrenta a su labor diaria de enseñanza mantiene dentro de sus cuantiosas reflexiones la necesidad de mantener una constante motivación por parte de sus estudiantes a lo largo de sus clases como forma de generar un real interés a la hora de traspasar los conocimientos de una determinada materia. De esta manera, profesores de Lenguaje, Matemática, Química y las demás áreas de conocimiento que integran el currículum nacional, se las ingenian día a día para labrar, tal como un alfarero a su vasija, una motivación efectiva a través de diferentes medios y recursos didácticos, como así también junto a las diversas metodologías necesarias al momento de realizar una clase determinada.

Siguiendo el esquema anterior, cabe derivar la reflexión hacia la relación entre la motivación y la enseñanza de la Historia propiamente tal. Como profesores del ramo, nos sentimos orgullosos de manifestar un gran interés por toda fuente secundaria (y si es primaria, mejor aún) sea esta un libro de algún historiador connotado o una reproducción arqueológica de una cultura determinada. Se nos reconoce como ratones de biblioteca y también como asiduos visitantes de museos y lugares patrimoniales. Con todo este interés que nos acompaña y define ¿De qué manera hacemos parte del mismo interés a nuestros estudiantes? Frente a la pregunta anterior se abre un amplio abanico de respuestas conforme a las diversas metodologías aplicadas por cada docente en particular, y he aquí donde comienza el largo camino hacia el desarrollo de la motivación efectiva en lo que a los contenidos históricos se refiere.

Este largo camino, que a ratos pareciera volverse infranqueable, en la actualidad se puede recorrer de buena manera si consideramos todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance. Como profesores noveles, provenimos de la generación que se educó en la etapa escolar con transparencias y diapositivas para pasar en nuestros años universitarios a conocer medios como las proyecciones, powerpoints, google earth, prezi y vaya a saber uno cuántos más se están incubando en este preciso momento albergados por la era de la información y el conocimiento. Si antes debíamos pasar horas en una biblioteca buscando una imagen específica para luego fotocopiarla o convertirla en diapositiva, hoy accedemos a la misma a solo unos cuantos clics de distancia y no conformes con editarla para mejorarla, cuando se da el caso, podemos exhibirla y trabajar con ella de múltiples maneras en beneficio del aprendizaje de nuestros estudiantes. Pero si bien, uno como profesor puede desarrollar una clase con un set de atrayentes imágenes y extractos de videos ¿Qué sucede cuando el estudiante manifiesta una clara desmotivación frente a la clase en cuestión?

La anterior no debiera de ser una pregunta para tomar a la ligera, estamos claros en que muchas veces los estudiantes físicamente no pueden responder de buena manera en una clase, sea por una enfermedad en incubación, un desayuno deficiente, o más bien apurado, según los tiempos actuales, o que lisa y llanamente no le guste la Historia y no conforme con ello lo haga saber de manera directa. Y es por ello que se hace necesaria la reflexión consistente en esclarecer este largo camino que implica el desarrollo de la motivación.

No debemos conformarnos con simplemente saber el Qué enseñar, sino que debemos hacernos responsables de nuestra labor al trabajar por descubrir el Cómo enseñar

Se dice que los estudiantes reconocen cuando un profesor está preparado al momento de hacer la clase y también cuando realmente manifiesta un gusto al momento de desarrollar la misma. La retribución en estos casos debiese ser lógicamente el mantenimiento de una atención y un claro interés por participar de la clase. En este caso, podríamos hablar de una clase efectiva, en la cual el proceso de enseñanza aprendizaje es llevado a cabo de buena manera. Cuando esto no es así, estamos en presencia de un problema grave frente al cual nuestro deber es trabajar duramente hasta encontrar la solución al mismo, sea contextualizando el contenido a la realidad inmediata, sea utilizando la amplia gama de medios y recursos didácticos disponibles ya que no podemos juzgar a aquellos estudiantes que abiertamente expresan que "me carga la historia" o que "no soporto la clase" con apelativos tan equívocos como que son flojos o desordenados. Si a un estudiante le "carga la historia" o "no la soporta" es deber nuestro el indagar la causa de ello, no viendo al mismo como un obstáculo para el desarrollo de la clase, si no que como un componente principal del proceso de enseñanza aprendizaje hacia el cual junto a los demás integrantes del curso debiese ir todo nuestro esfuerzo como forma de traspasar los contenidos, en este caso, históricos. Y aquí entramos a un punto clave, referente a establecer los pasos a seguir para el tratamiento de dichos contenidos.

Si consideramos el uso de imágenes y videos en una clase ¿Podemos afirmar que tenemos gran parte del trabajo hecho? Personalmente considero que el mismo debiera alcanzar una visión más completa, concerniente a desarrollar en los estudiantes habilidades tan necesarias como la interpretación, análisis de fuentes (en lo posible, de toda la gama de fuentes históricas existentes), síntesis de información y argumentación entre tantas otras que los estudiantes pueden desarrollar de manera efectiva si asumimos nuestro rol de guías y formadores dentro del proceso de enseñanza aprendizaje. La Historia como concepto propiamente tal posee herramientas elementales para la comprensión del mundo actual que debemos interiorizar y valorar tanto nosotros como los estudiantes como integrantes de la sociedad. La motivación para lograr tal objetivo es el elemento catalizador que da inicio al desarrollo del proceso de enseñanza aprendizaje necesario para el normal transcurso de los contenidos dentro de la educación. Creo fervientemente que si el profesor se muestra motivado frente a la ardua labor de educar, los estudiantes también lo estarán y que frente al caso inverso, con un profesor desmotivado, los estudiantes también responderán de la misma manera, desganada y convirtiendo la clase en una larga espera hasta el toque de la campana.

No debemos conformarnos con simplemente saber el Qué enseñar, sino que debemos hacernos responsables de nuestra labor al trabajar por descubrir el Cómo enseñar en beneficio directo del desarrollo de competencias y habilidades por parte de nuestros estudiantes. Y la dinámica anterior, representa un gran desafío que nos motiva como profesores a desarrollar un trabajo cada vez mejor.


Imagen extraída de www.redires.net

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