Derribar las planificaciones

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Hace algún tiempo, lancé algunas pequeñas directrices de lo que debía ser la pedagogía libertadora, es decir, que limpie de las cadenas al estudiante que, según el currículum, es preparado para ser un amante de la identidad nacional, del sistema económico y del ordenamiento democrático tal como está. La crítica queda a criterio de cada docente, cosa que, desde mi planteamiento, no puede suceder.

Siempre relacionado con este tema, en esta ocasión es a las planificaciones a las que quiero criticar. Estos instrumentos nos permiten distribuir de forma eficiente el tiempo en el aula, los recursos a utilizar y los contenidos que se pretenden transmitir. Son un buen material de apoyo a la labor docente y un excelente referente en el ejercicio de la profesión docente. Pueden ser un muy buen material de apoyo en los primeros años del oficio, cuando no poseemos la experticia que sólo brindan los años y la experiencia.

Sin embargo, uno de los grandes problemas de los docentes y de los profesores que forman a otros colegas es sacralizarlas. Muchas veces, trastocar una es como tocar un versículo de la Biblia y, por ello, no se puede transformar nada. Desde mi punto de vista, creo que ellas deben ser consideradas un muy buen instrumento que permite volar en el inicio. Sin embargo, con el tiempo hay que "aterrizarlas", distribuyendo los tiempos en el papel pero sabiendo improvisar cuando se requiera, sin abusar de ello, por supuesto.

Las planificaciones son un atentado a la libre profesión docente pues, si bien permiten una mejor gestión en el aula, no posibilitan la cobertura integral de todos los conocimientos que se pueden entregar

Las planificaciones son un atentado a la libre profesión docente pues, si bien permiten una mejor gestión en el aula, no posibilitan la cobertura integral de todos los conocimientos que se pueden entregar. Ajustan los tiempos a los Contenidos Mínimos Obligatorios y al profesor a que calce todo lo que tiene que hacer para poder dejar registro físico de su labor ante el establecimiento educacional y ante el Ministerio respectivo. Eso es lo que las hace sacras: el ser funcionales a los requerimientos del sistema educacional.

La mejor forma de llevar a cabo la pedagogía libertadora no es destruyendo completamente estos instrumentos que, insisto, nos permiten ordenar mejor ciertas situaciones, sino que reflexionando sobre estas situaciones y dejarlas sólo como eso: como un documento importante que nos permite ordenar el tiempo. Porque si fuera por ellas, por cosas de tiempo, nuestros estudiantes se quedarían sin saber sobre historia de nuestros pueblos originarios o sus derechos cívicos.

Eso es pedagogía libertadora: la que hace que ese registro físico de lo que hacemos deje contento y callado al Ministerio y a nuestras ansias por ordenar el tiempo de clases, y permitir, en la realidad, que tengamos libertad de entregar la llave que los libere de estas cadenas impuestas. Porque, al fin y al cabo, esa imposición está en la cabeza.


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Imagen extraída desde http://edfis3b.blogspot.com/


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