Una búsqueda decepcionante

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Desde fines del año pasado me encuentro buscando trabajo.

Por diversas razones de índole personal elegí la ciudad de La Serena para desarrollarme laboralmente.

Antes de lanzarme en mi búsqueda, me junté con una profe de la U que amablemente me dio algunos consejos para enfrentar de mejor manera estos momentos. Me dijo algo que me dejó un poco preocupada: que en La Serena hay una especie de sobrepoblación de profes de mi especialidad. Y era que no, si con tres instituciones impartiendo mi carrera, el panorama no podía ser otro. Además, yo creo que en teoría se espera que quienes no somos originarios de la ciudad retornemos a nuestra tierra natal a ejercer nuestra profesión, pero es precisamente eso lo que yo no quiero.

Antes de terminar el 2011 repartí aproximadamente 30 curriculum (o más, quizás), contando los que entregué personalmente en distintos colegios y los que he mandado por mail. También me he preocupado de comprar sagradamente el diario los días domingo todo esto me ha significado un gasto que sin la ayuda de mis padres sería muy difícil financiar.

Nada de esto sirve porque basta que lean mi curriculum y vean que no tengo experiencia para dejarme prácticamente de lado, y peor cuando me ven en persona porque a pesar de tener 23 años, a muchos les parezco de 18.

De todo el tiempo que llevo buscando trabajo y enviando antecedentes, sólo he asistido a dos entrevistas. Sé que algo es algo, pero de todos modos me molesta esta situación, ya que me doy cuenta de que no me sirve de nada haber terminado mi carrera con buen promedio (5.8), sin haber reprobado jamás un ramo, y por lo tanto, sin atrasarme ningún semestre. Nada de esto sirve porque basta que lean mi curriculum y vean que no tengo experiencia para dejarme prácticamente de lado, y peor cuando me ven en persona porque a pesar de tener 23 años, a muchos les parezco de 18.

Yo entiendo perfectamente que todos deseen contratar a una persona con experiencia, sobre todo porque educar no es cualquier cosa, al contrario, es una labor demasiado importante, en la que seguro una “niña” como yo no da confianza, pero, ¿cómo voy a adquirir experiencia si nadie me da la oportunidad? Parecer una niña no es igual a serlo, señores.

Mucha gente me ha dado ánimos, que espere, que ya saldrá algo. Yo trato de mantenerme positiva, pero veo que pasan los días y mi teléfono no suena, y me siento más presionada aún porque mi hermana entra a la U este año y mi papá cuenta con mi ayuda, o al menos, con que yo no sea un ítem más de gastos.

Por lo mismo, he pensado en renunciar a mi sueño, quedarme en mi tierra natal, pero es tremendamente triste ver cómo se destrozan mis ilusiones. Cuando salí de cuarto medio uno de mis profes me dijo “Nunca le des la espalda a tus sueños”, y eso es precisamente lo que estoy pensando hacer. Sé que no sería fácil encontrar un trabajo, es también una experiencia nueva para mí, y quizás eso también ayuda a hacer más grande mi decepción.

Otra opción que tengo pensada es irme a La Serena en marzo, trabajar en algo “chico” que permita mantenerme sin la ayuda de mi papá, pero me da pena pensar en desarrollarme en algo posiblemente lejano a lo que estudié con tanto esfuerzo por 5 años.

A veces hasta siento que me equivoqué de carrera, que quizás debí pensar en este momento de mi vida antes de ponerme a estudiar para ser profe, pero no pude luchar conmigo, aún sabiendo poco de la pedagogía fue lo que quise estudiar y ahora, tras 5 años sé que es lo que me mueve, aunque sea mucho trabajo, aunque no tenga el reconocimiento que se merece, aunque sea mal pagado, quiero estar ahí, de frente a un curso, demostrándole a todos que a pesar de mi cara de niña yo sí me la puedo y que mi juventud no necesariamente debe ser un obstáculo, también puede ser un plus que me permita lograr mayor cercanía con los estudiantes.

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