Educación en el Siglo XXI

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Para comprender de lo que hablamos debemos buscar las raíces del término, dentro de la etimología de educación y educar. Por una parte está el entregar, nutrir, criar y por otra, está el sacar fuera, el extraer; por lo tanto, los orígenes de estos conceptos involucran el entregar y el ayudar a mostrar al mundo el resultado de esa entrega. De los términos expuestos, se infiere que el centro del proceso es el alumno cuyo significado es, el que es alimentado.

Si tomamos los orígenes de los conceptos y los colocamos en la actualidad, encontramos diferencias en cuanto al objetivo final del proceso educativo, en el día de hoy,si les preguntamos a la mayoría de las personas ¿Por qué estudias? O si preguntamos a un padre ¿Por qué usted se interesa tanto en la educación de su hijo? E incluso si preguntamos a gran cantidad de profesores ¿Para qué enseñas a tus alumnos? Difícilmente nos encontraremos con respuestas, "para que alcance un nivel de desarrollo interior", "para que adquiera un mejor nivel en su moral y razonamiento" o "para que adquiera los elementos necesarios para ser feliz y ser un aporte a la humanidad". Por el contrario, las respuestas en la mayoría de los casos están en relación a ser una persona eficiente en los términos productivos valorados por el mercado.

Sin darnos cuenta al fenómeno de la educación se la ha reducido a un proceso de adquisición técnica, carente de un trasfondo espiritual, olvidando así la característica holística de la práctica, que está dado por profundos y complejos procesos de convivencia y razonamiento, un claro ejemplo de ello es que el interés principal de alumnos, padres e incluso profesores es "la nota". Permanentemente vemos alumnos felices o deprimidos por haber recibido una calificación, constantemente padres preguntan y reclaman por las notas y lo que es más lamentable, también vemos profesores que consideran una gran diferencia entre un promedio 3,9 y un 4,0.

Durante distintos capítulos de la humanidad, las corrientes en la educación han caído en la sombras, sin ir más lejos, podemos citar el oscuro periodo de la Edad Media en que las universidades (principalmente bajo la tutela de la Iglesia) ya no desarrollaban el conocimiento y este solo se producía en las academias,también podemos citar el materialismo reduccionista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando se consideraba al cerebro del niño como una máquina en la que introducíamos algo y obteníamos un resultado.

Al enfrentarnos a las turbulencias surgidas ante el educar en el día de hoy, remontémonos a sus orígenes, volvamos a recordar el objetivo principal, hay factores que están más allá de una planificación, hay situaciones circunstanciales que requieren un análisis inmediato en la sala, la acción humana está determinada por emociones y éstas se educan en el mutuo vivir.

El educar, debe ser una forma de vivir, los profesores son el modelo, no temamos a dibujar una sonrisa en nuestro rostro, no caigamos en la simple matemática al evaluar,no enseñemos lo accesorio cuando no hemos logrado lo esencial, demos un sentido más profundo a nuestro educar,hagamos tal como lo hicieron los clásicos griegos, demos sentido a los saberes fundamentales (intelectuales y espirituales) y ayudemos a sacar al exterior la riqueza que cada persona tiene escondida dentro de sí.

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