Práctica Profesional

docente2Primer semestre 2011, me correspondió realizar práctica profesional. Asustada por no tener contacto con ningún establecimiento en la ciudad de La Serena, un día de marzo acudí a la oficina de la supervisora de prácticas a plantearle mi situación. Revisa una carpeta y me dice "¿Te gustaría ir al Liceo de Hombres?". Yo sabía que ya no era exclusivamente de hombres, puesto que hacía un par de años había comenzado a recibir niñas en sus aulas, aunque éstas aún no llegaban a ser mayoría. Pensé un par de segundos la propuesta, y acepté. Sería todo un desafío puesto que si bien ya había realizado otras prácticas anteriormente, me faltaba experiencia con varones adolescentes. Qué mejor que un liceo que por más de cien años sólo había recibido varones...

Días después de esa visita a la supervisora, hubo una reunión con todos los practicantes de mi carrera, donde me entregaron una carta para ir a dejar al establecimiento. Recuerdo haber ido ese mismo día. Entregué la carta y ya nada podía hacer, me había embarcado en una gran empresa: realizar mi práctica profesional en un liceo municipal de La Serena con 190 años de tradición y que tenía entre sus alumnos a más hombres que mujeres.

El lunes siguiente conocí a quien sería mi profesora guía durante los meses que durara la práctica. Yo la ubicaba porque había salido hacía pocos años de la carrera, aunque nunca había hablado con ella. Muy amablemente, me dejó elegir al curso que yo quisiera entre terceros y cuartos medios. Elegí en primera instancia al Tercero B. Al otro día, me presenté al que sería mi primer día como practicante, sin embargo se presentó una situación algo confusa, y mi profesora decidió cambiarme el curso... La práctica profesional de mi carrera y de todas las pedagogías de la ULS implica dos prácticas en una: la práctica de especialidad, en mi caso, Historia y Geografía, y la práctica de Orientación, que es algo así como una jefatura de curso. Dada esta situación, mi profesora me ofreció realizar ambas prácticas con su curso, el Tercero A. En Historia ellos ya habían tenido varios practicantes, desde primero medio, pero en Orientación mi profesora estaba haciendo una gran excepción ya que por primera vez tendrían practicante. De inmediato se convirtió todo en un desafío más grande aún, ya que mi profesora dejaba en mis manos a sus niños, de los cuales es profesora jefe desde primero. El curso está formado por 36 estudiantes, 4 mujeres y 32 hombres, de los cuales se retiraron dos, pero también llegaron dos niños nuevos en el transcurso del semestre.

El jueves 14 de marzo fueron mis dos primeras horas con ellos, de las muchas que vendrían. Me sorprendió que fueran un curso muy ordenado y participativo, y además, muy niños a pesar de su edad. Pronto me fui involucrando con ellos, a tal punto que llegué a entregarme completamente al curso, más que por la evaluación constante que significaba ser practicante. Fue un compromiso sincero y real de mi persona hacia ellos, en ambas prácticas. Tanto así, que no dejaba de pensar en ellos y en las actividades que podía hacer para que ellos aprendieran, en cómo enfocar los contenidos, etc. También se volvieron mi tema de conversación, persona con la que conversaba, lo hacía sobre mi práctica y los buenos niños del curso, la excelente profe guía que me asignaron en el liceo y todas las ideas que tenía con el curso. Del mismo modo, fueron tema recurrente de mis tweets y de mis publicaciones en facebook.

{xtypo_quote_left}Cuatro años y medio que terminaron con un gran broche de oro: aprobé práctica con la mejor nota posible, un 7,0.{/xtypo_quote_left}Lamentablemente el tiempo pasó demasiado rápido para mi gusto, y casi sin darme cuenta, llegó el mes de julio, lo que significaba dejar el establecimiento porque la práctica profesional había concluido. Aunque me hubiese negado, hubiese sido imposible no querer a los niños del curso, a mi profesora y al liceo en general. Fue una pena grande tener que irme, y anduve idiota varios días a causa de eso, ya que a pesar de tener que preparar los informes de práctica, el no hacer nada para los niños me tuvo mal. Afortunadamente el término de práctica coincidió con las vacaciones de invierno de los niños, y eso hizo el golpe un poco —sólo un poco— menos duro.

Estoy inmensamente agradecida de todo lo que viví este semestre. En primer lugar, del establecimiento por haberme acogido, y en especial de los profesores y todo el personal, porque nunca hicieron distinciones con los practicantes, siempre pudimos estar en la Sala de Profesores sin ningún problema, compartiendo con ellos en el día a día y también en ocasiones especiales. En segundo lugar, de mi profesora guía, ya que es una excelente profesional, dedicada a todo lo que hace, haciendo siempre las cosas bien. Es muy buena profesora con los estudiantes, y también fue conmigo una gran profesora guía, que me ayudó en el ámbito profesional, aconsejándome siempre para mejorar mis debilidades y para reforzar mis aspectos positivos, y también me ayudó mucho en el ámbito personal, convirtiéndose en alguien con quien pude conversar de muchos temas, lo que hizo más ameno mi paso por el liceo. Le agradezco también por hacer la excepción conmigo y dejarme hacer las dos prácticas con su curso.

También estoy agradecida, infinitamente, de todos los niños del curso. Aunque como en todas las relaciones humanas, hubo algunos con los que logré más cercanía que con otros, todos aportaron algo importante para mi práctica, cada día junto a ellos fue una grata experiencia, y si un día no se portaron tan bien como yo esperaba, de todos modos fue importante porque todo se transformó en aprendizajes para mí. Nunca creí que 36 personitas se volverían tan importantes para mí, pero lo hicieron. Y yo creo que no se imaginan toda la felicidad que provocan en mí con sus muestras de cariño ahora que los agregué a facebook...

La práctica profesional fue, por lejos, la mejor experiencia de mi vida hasta ahora. En un comienzo estaba temerosa, de que al realizar la práctica me diera cuenta que la pedagogía no es para mí. Pero al cabo de unas semanas ese temor era sólo un recuerdo pasado, porque me di cuenta que el día que decidí ser profesora, fue uno de los mejores y más importantes de mi vida. A pesar de los errores, todo fue bueno, porque todo me sirvió para aprender y ganar experiencias, y me resultó impagable ver cómo los niños aprendían y recordaban lo que yo les enseñaba... y me parecía increíble como yo, apenas seis años mayor que ellos, representaba casi una autoridad, a la cual le creían mucho más de lo que leían en sus libros. Tantas cosas, tantos detalles y tantas vivencias con las que podría llenar hojas y hojas contando lo lindo que fue ser practicante... simplemente lo resumo en tres palabras: alegría y aprendizaje constante.

Terminada la práctica, vino el proceso de entrega de informes para cerrar este ciclo. No sólo la etapa de practicante, sino también los cuatro años que precedieron a este momento, cuatro años en la universidad aprendiendo de Historia, de Geografía y de Pedagogía, pero también aprendiendo muchas cosas que según siento, me hacen una mejor persona hoy...

Cuatro años y medio que terminaron con un gran broche de oro: aprobé práctica con la mejor nota posible, un 7,0.

Ahora a esperar que la situación en la Universidad vuelva a la normalidad, ya lleva más de tres meses movilizada, lo que implica que no pueda tramitar mi título profesional ya que no funcionan las dependencias administrativas. A tener esperanzas, nada más.

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