FacebookTwitterRSS Feed

Yo, Técnico Profesional

ClaseN.E:Este relato fue escrito por la autora, hoy egresada de Pedagogía en Historia y Geografía, en su blog personal. Bajo su autorización, lo hemos reproducido para www.saladeprofes.com

Aprovechando que el 26 de agosto es el día de la Enseñanza Media Técnico Profesional, quiero compartir mi experiencia y un par de reflexiones en torno al tema.

En primer lugar, considero que haber estudiado en un liceo TP es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, aunque la decisión no nació precisamente de mí, sino del contexto en el que vivía.

Desde chica, séptimo básico más o menos (2001) que estaba destinada a estudiar un técnico profesional, ya que poder estudiar una carrera universitaria estaba dentro de los planes/sueños, pero dada nuestra desinformación, las oportunidades recién abriéndose y la situación económica de mi familia, era algo bastante difícil de lograr.

Cuando llegó la hora de postular a los liceos, postulé a un TP municipal en Vallenar, Chile, el cual impartía especialidades del sector industrial (Construcciones Metálicas, Edificación, Mecánica Automotriz, Electricidad) y del sector comercial (Secretariado, Administración de Empresas y Contabilidad). Luego nació otro liceo TP Municipal que se llevó las especialidades de comercio y creó otras del sector salud (Atención de Enfermería y Atención del Adulto Mayor), educación (Asistente de Párvulos) y alimentación (Servicios de Alimentación Colectiva y Elaboración Industrial de Alimentos). Además ofrecía Dibujo Técnico.

{xtypo_quote_left}Si bien cada vez son mayores las posibilidades de estudiar una carrera de enseñanza superior, no debemos olvidar que hay sectores de nuestra sociedad donde la pobreza es más dura y la vulnerabilidad es más alta, y la solución no está en darles todos los días el pescado que necesitan para comer, sino que lo que verdaderamente vale, es enseñarles a pescar{/xtypo_quote_left}Postulé a Administración de Empresas pensando en la remota posibilidad de estudiar algún día Ingeniería Comercial, como lo deseaba hasta ese momento. Para dar cabida a una malla T.P es necesario sacrificar asignaturas como las de ciencias, filosofía y los diferenciados, entre otras. Pero para mí el sacrificio valió y sigue valiendo. En dos años tuve asignaturas como Contabilidad, Secretariado, Gestión de Pequeña Empresa, Recursos Humanos, Atención al Cliente, entre varias más.

Con 18 años recién cumplidos, tuve que enfrentar mi primera —y única hasta el momento— entrevista laboral para optar a la práctica profesional en la Planta de Pellets (Huasco) de la Compañía Minera del Pacífico, hoy CAP. Y me fue bien, fui la primera de todo el liceo en conseguir práctica, incluso antes de que terminara el año escolar: me avisaron día martes en la mañana que al día siguiente comenzaba la práctica.

La experiencia de la práctica fue sencillamente espectacular, además de conocer mucha gente y compartir un verano con mis compañeros que también consiguieron práctica ahí, conocí por dentro el funcionamiento de una empresa, aprendí a desenvolverme atendiendo público, a seguir instrucciones de mis cinco jefes, e incluso tuvo que aprender a controlar —algo— mis emociones. No podía andar de rabiosa por la vida si en cualquier minuto llegaba gente por atender.

Cuando logré entrar a la Universidad, al principio me sentía como bicho raro, mi primer círculo cercano fueron ex alumnos de HC, y formaban para mí un mundo extraño. Luego descubrí que habían más T.P. como yo, para la mayoría de los cuales, la experiencia de estudiar una especialidad también había sido muy enriquecedora. Incluso posteriormente hablando con algunos HCs, ellos sentían que habían salido de cuarto medio con un “maletín lleno de conocimientos” que a esa altura ya habían perdido, viéndonos a nosotros, en parte al menos, mejor preparados para enfrentar la vida que ellos.

La experiencia adquirida en mis años de T.P. ha sido valiosísima para enfrentar mi vida universitaria, sobre todo cuando era mechona y cuando logré ser ayudante; estaba acostumbrada a levantarme temprano, a cumplir horarios y deberes, a tener cierto grado de iniciativa, e incluso manejando herramientas computacionales que muchos de mis compañeros apenas conocían. Y todo ello sigue vivo y válido —a excepción de levantarme temprano—, aún en mi cuarto año en la U.

Y no sólo para mí ha sido positiva esta experiencia, y para ello me valdré de dos ejemplos. Una compañera del liceo estudió Contabilidad y no pudo seguir estudiando en la enseñanza superior. Entró a trabajar como cajera a un supermercado, y en un plazo máximo de cuatro años se transformó en supervisora (de esas que van con las llaves cuando la cajera enciende una luz). Otro ejemplo: un amigo estudió Electricidad e hizo la práctica en una termoeléctrica, donde posteriormente lo contrataron. Nunca ha dejado de pitutear por todos lados. Hace unos días atrás mi madre se lo encontró, conduciendo su propio vehículo y esperando que en los próximos meses le salga una casa, propia también. Y tiene mi edad. Tampoco es extraño para mí ver a jóvenes que ubico desde el liceo, desarrollándose en las áreas de su especialidad, en distintas empresas.

Expuesto todo esto, creo que como política de gobierno hacia la Enseñanza Media, no sólo en el gobierno de turno, sino que en los venideros, sobre todo orientada hacia los sectores social y económicamente vulnerables, debiese haber una potenciación de la enseñanza T.P., ya que considero, si se trata de familias de escasos recursos, con bajas posibilidades de pagar carreras de educación superior, estudiar un técnico de nivel medio es mucho mejor que seguir un H.C. que poco y nada les servirá cuando terminen cuarto medio.

Debería optarse por la formación de personal capacitado, dándoles la posibilidad de “ser alguien en la vida”. A ello agrego como fundamento una nota que vi en las noticias hace como un mes: jóvenes que cometieron delitos menores y que eran condenados a la realización de trabajos comunitarios o en micro empresas: se les capacitaba para desarrollar un oficio, y a ellos les gustaba trabajar ahí, ya que de cierto modo, les daba sentido a sus vidas y les hacía sentirse útiles ¿Por qué no generar así mayores oportunidades para la juventud? Por supuesto que es una gran tarea —de ahí que no pueda realizarse en la duración de un gobierno, sino que debe incluir varios— que conlleva todo un proceso de investigación de mercado a fin de conocer las áreas con mayor necesidad de trabajadores, a fin de potenciar las especialidades “más rentables”. Sin embargo, y gracias a que nuestro país tiene múltiples polos de desarrollo de norte a sur, son muchas las especialidades que pueden desarrollarse, para los sectores agrícolas, forestales, pesqueros, comerciales, etc. Y, si pensamos en el sistema económico imperante que te permite, si tienes una buena idea y las lucas necesarias, transformarte en empresario, también es una opción capacitar a los estudiantes de enseñanza media, dentro de las distintas especialidades, para que ellos puedan formar sus propias micro empresas, dentro de la atmósfera de “emprendimiento” que tanto les gusta a las cúpulas dominantes.

A mi juicio no es una mala opción, si bien cada vez son mayores las posibilidades de estudiar una carrera de enseñanza superior, no debemos olvidar que hay sectores de nuestra sociedad donde la pobreza es más dura y la vulnerabilidad es más alta, y la solución no está en darles todos los días el pescado que necesitan para comer, sino que lo que verdaderamente vale, es enseñarles a pescar.

Felicidades a todos los T.P. en nuestro día.

blog comments powered by Disqus

hanescrito

Formulario de acceso