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Lo cotidiano a la escuela

indignados

Es posible que mi memoria me falle, pero recuerdo que en mis tiempos de escolar los ejemplos tomados de la cotidianidad le habían ocurrido a algunas generaciones anteriores a la mía. Bueno, quizá si habían situaciones educativas que tomaban la realidad del momento, pero no creo que ocurriera muy a menudo.

Años después, ya como profesor de Filosofía, me pareció importante acercar las situaciones cotidianas y lo que ocurre en la sociedad al aula de clases, ya sea para introducir un tema o como parte de las actividades de la clase. El objetivo era que, mediante las situaciones del día a día, los estudiantes comprendieran que tiene cabida y sentido en la realidad lo que están viviendo (y en el mejor de los casos, aprendiendo) en la escuela.

Es así que me planteé llevar ejemplos o situaciones de la realidad tales como lo que le ocurría a un ex-participante de un reality show, los problemas de una persona para subir al metro, los proyectos Bicentenario, los casos de "La Jueza", etc.

{xtypo_quote_left} Para algunos (cada vez menos, por cierto), lo cotidiano no puede entrar en el aula de clases o, lo que creo que es peor, no les es posible incorporarla por que no saben por qué deben hacerlo {/xtypo_quote_left}

Sin embargo, me enfrenté a algo que no esperaba. Pensaba que a todos y todas las estudiantes les interesarían o motivarían esos temas, pero me encontré con jóvenes que me decían "pero profe, ¿cómo vamos a hablar de eso?" o "na'que ver el tema, profe". Y no sólo los estudiantes decían eso. Algún padre también se extrañó por alguna de mis actividades.

Es cierto, el problema pudo ser mío al no presentar bien alguna situación de aprendizaje, pero también es cierto que para algunas personas dentro de la escuela, la enseñanza debe ser seria, formal o rígida y sólo debe dar cabida a "cuestiones elevadas". Para algunos (cada vez menos, por cierto), lo cotidiano no puede entrar en el aula de clases o, lo que creo que es peor, no les es posible incorporarla por que no saben por qué deben hacerlo. Quizá tantos años con una escuela tan formal y uniformada aún nos pase la cuenta, a pesar de los aires de renovación pedagógica.

Es cierto que no es tan sencillo incorporar los temas del día a día en las clases, pues no siempre coinciden con los contenidos que estamos tratando en ese momento. Sin embargo, si tenemos opciones podemos buscar espacios para recuperarlos debemos hacerlo. Una posibilidad es tomar situaciones, momentos o noticias e ir almacenándolas para utilizarlas más adelante. También debemos estar atentos a lo que comentan nuestros estudiantes y considerar las posibilidades que pueden extraerse de ello. Desde luego que hay sectores en los cuales la relación entre la sociedad y los contenidos curriculares es más clara. Pero que sea así no supone que será llevada a cabo de mejor forma y que no se pueda hacer en las otras.

Sea cual sea el origen de los aspectos cotidianos que queremos considerar, es importante estar dispuesto a modificar nuestras planificaciones (y que la UTP esté dispuesta a aceptar los cambios, por supuesto).


Imagen extraída desde http://es.globedia.com

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