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¿Qué (realmente) quieren los estudiantes?

estudiante_estresadoNo sé por qué cuando estaba pensando en el título de esta reflexión encontré la solución asociando el tema con la canción, a estas alturas un clásico, de Cindy Lauper “The Girls Just Wanna Have Fun” (“las chicas solo quieren divertirse”).
Quizás porque después de la experiencia propia como escolar y luego como docente, sabemos que ante tiempos libres lo que, por lo general, no queremos  necesariamente son clases…  Pero, claro eso es la utopía nihilista y/o sueño inalcanzable que en la práctica sabemos que no ocurrirá y que si llegara a darse le haría un flaco favor a nuestras sociedades.
Entonces, dejando de lado dicha utopía y pensando en el día a día de nuestras aulas ¿Qué es lo que quieren los estudiantes?, y para ser más precisos ¿Cuáles son las necesidades explícitas o implícitas de ellos hacia nosotros? Escribiré estas reflexiones no pretendiendo agotar el tema y desde mi experiencia y rol de docente.
A propósito de experiencia debo compartir con ustedes que en mi no tan extensa carrera he trabajado en una diversidad interesante de instituciones; por un lado en un colegio en el cual a principio de año debí firmar un seguro de vida, este lugar estaba emplazado en una de las poblaciones más peligrosas de Santiago, recuerdo un día en que mientras estaba en la sala de profesores escuché balazos y claro, cómo olvidar cuando uno de mis estudiantes debió retirarse por que habían “reventado” su casa (es decir, baleado hasta dejarla en bastante malas condiciones) y la guinda de la torta cuando recibí una amenaza de muerte. Pero, también trabajé como reemplazante en otro lugar en donde la cuota del mes de uno de los estudiantes cubría mi sueldo…. Y dónde una estudiante me dijo que yo tenía que ponerle buenas notas por que “para eso me pagaba” (a lo que claramente hubo que aclarar que era el gentil auspicio fruto del trabajo de su apoderado). Ahora como punto medio, también he trabajado (y continúo) en colegios de “clase media”, en donde si bien los estudiantes no tienen grandes lujos ni carencias tan graves.

¿Recuerdan a la profesora Edna Krabappel (de los Simpsons)? Siempre desmotivada, fumadora y siempre con la misma ropa, un estereotipo al cual a veces nos tendemos a acercar

Considerando, la variedad de situaciones sociales, cursos, caracteres y en resumen contextos podría resumir estas “necesidades”  de los estudiantes, en los siguientes tópicos: Experticia, Humildad intelectual, Consistencia, Dedicación, Empatía, Sentido de justicia, Estabilidad Emocional, Cuidar de nuestra salud (y apariencia).

  1. Experticia. Lo que en el lenguaje del día a día se expresa con la típica frase reprobatoria “este profesor(a) no sabe mucho” o aprobatoria “este profesor (a) es seco”. Los estudiantes valoran el hecho de que el profesor comprenda bien lo que está enseñando. Ahora bien, esto que implica para el docente el desafío de repasar y profundizar los contenidos que tendrá que enseñar.                                                                                                                                                                                      En mi experiencia, sucedió que técnicamente de acuerdo a mi formación yo entendía los temas “en profundidad” de la historia, sin embargo cuando me enfrenté al aula me di cuenta de que lo que aprendí en la universidad no fue exactamente lo que debía enseñar a mis estudiantes. El nivel universitario de entender los grandes procesos históricos (la famosa larga duración, relación dialéctica entre estructura y coyuntura  un largo etcétera) no cuadraba con el enfoque que tenían los planes y programas, así es que no me quedó más remedio que sentarme a repasar. ¿Esto implica que los contenidos de la universidad no me sirvieron? Mi respuesta los dos años siguientes luego de titularme y hacer clases habría sido “¡en absoluto!”, pero ahora ya más reposada puedo responder que se tratan de enfoques diferentes, y recojo el consejo de CS Lewis “nadie puede enseñar bien algo que entiende mal”
  2. Humildad intelectual. En estrecha relación con el punto anterior, este no implica que debemos ser enciclopedias, aquella imagen corresponde al antiguo paradigma del siglo XIX iluminista en el cual el acceso al conocimiento era limitado y por tanto el profesor (a) era prácticamente la fuente del conocimiento. En la escuela del siglo XXI, donde el acceso al conocimiento es prácticamente ilimitado gracias a la masividad de los medios de comunicación definitivamente no nos podemos autoasignar el título de portadores del conocimiento. No son pocas las ocasiones en que mis estudiantes conocen algunos temas con más profundidad (por ejemplo gracias al famoso juego “Age of Empires”), por tanto nuestra ventaja está en el nivel de análisis que hemos logrado a través de nuestra formación superior y desde la perspectiva constructivista la invitación ha sido a ser mediadores en el proceso de aprendizaje de nuestros estudiantes, a veces esa mediación implicará reconocer que no conocemos cada detalle de lo que estamos enseñando.
  3. Consistencia. Esta cualidad es crítica, básicamente es ser coherente con nuestras propias demandas, si pedimos ciertos valores en nuestros estudiantes como honestidad, responsabilidad u otros los estudiantes requerirán lo mismo de nosotros, aunque no nos agrade… esta es la dimensión más humana de nuestra profesión. Una de las áreas que más nos cuesta cumplir es en la veracidad: cumplir con lo que nos comprometimos y reconocer nuestros errores. Personalmente, he logrado la confianza de mis estudiantes sin hacer grandes promesas y reconociendo cuando me he equivocado, especialmente debido a mis descendidas habilidades matemáticas… reflejadas en la frase que me dedicó mi colega “11 de cada 10 humanistas son hermosos, perfectos, creativos, artísticos, inteligentes y tienen buena ortografía” (¿Qué habrá querido decir con 11 de cada 10?).
  4. Dedicación. Creo que como público es bastante desagradable si por ejemplo asistimos a un concierto en el cual se nota que los músicos no han practicado bien la pieza que deben ejecutar, si a ello le sumamos fallas de iluminación y sonido sería una combinación fatal. En cierta medida, cada clase es como una “perfomance”, necesariamente debemos tener una planificación y claridad en lo que realizaremos en cada clase. En algunas instituciones esto se nos inculca a través de las planificaciones clase a clase, y en lo personal aún cuando no siempre se me exige trato de tener claro el panorama de actividades, evaluaciones y otros asuntos, básicamente tener un “mapa de ruta”
  5. Empatía. La definición básica de empatía es la de “ponerse en el lugar de otro”. ¿Han pensado o recuerdan lo que significa estar sentado (a) por lo menos seis horas del día?, ¿atendiendo principalmente clases expositivas?, ¿una variedad de contenidos? Resulta un buen ejercicio recordar las condiciones de nuestros estudiantes y también qué es lo que nos agradaba y desagradaba en nuestra experiencia como estudiantes, ayuda bastante tender estos puentes entre nuestro rol como docentes y nuestra experiencia como estudiantes.
  6. Sentido de justicia. Con esto me refiero a ser justos(as) en nuestro trato y evaluaciones. Sería bastante poco honesto aquel que dijera que nunca le sucedió que al corregir la prueba de un estudiante problemático (a) no quiso tomar revancha a través de la evaluación siendo mucho más exigente con él (o ella). Sin embargo, no podemos desvirtuar las evaluaciones y/o instrumentalizar los reglamentos para compensar las ofensas o situaciones desagradables que nos han hecho atravesar ciertos estudiantes… hay que reconocer que cuesta mucho, pero en nuestra común experiencia podemos estar de acuerdo en que es bastante molesto sufrir injusticias.
  7. Estabilidad Emocional. Si bien no lo explicitan, nuestros estudiantes agradecen que nuestro ánimo sea relativamente estable. Como docentes sabemos que los cambios de humor de nuestros estudiantes son agotadores.  Del otro lado de la situación, genera cierto desagrado y ansiedad el no saber si el humor de aquel que evaluará y explicará incidirá en estos procesos.
  8. Cuidar de nuestra salud (y apariencia). Este requerimiento es el que probablemente menos se explicita, pero que tiene repercusiones directas en el quehacer diario ¿cuántas licencias podrían haberse evitado? Durmiendo mejor, alimentándonos equilibradamente, un poco de ejercicio; nuestros estudiantes no lo dicen, pero probablemente agradecerían que nuestro cuerpo y alma estén en un buen estado para que nuestro humor sea relativamente estable y nuestras fuerzas no nos traicionen.

Debo admitir que este punto es al que más me cuesta ponerle atención, nuestra profesión es muy desgastante y no sé si es una cuestión de género o simplemente luego del tremendo desgaste de un trabajo que parece interminable dejo de lado el cuidarme. ¿Recuerdan a la profesora Edna Krabappel (de los Simpsons)? Siempre desmotivada, fumadora y siempre con la misma ropa, un estereotipo al cual a veces nos tendemos a acercar… especialmente si el tiempo y los recursos escasean y nuestro establecimiento no establece pautas en cuanto a nuestra presentación personal.


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