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Educando al "Wachiturro"

discriminacionSala de Profes es un espacio abierto a todas las opinones dentro de un margen de respeto y tolerancia. El contenido de artículos envíados por profesores ajenos al equipo editorial no representan necesariamente el pensamiento de Sala de Profes.

Si hay algo que caracteriza a nuestra televisión es la capacidad de mostrar el momento por el que atraviesa un país, especialmente en cuanto a sus procesos y los diferentes tipos sociales que lo caracterizan.
En nuestras pantallas, actualmente, están apareciendo los “flaites”, prototipo actual de la marginación de los sectores más vulnerables de nuestro país. Personas que no poseen un elevado nivel de vida inmersos en un barrio del que sus familias no pueden salir, con padres que ganan un sueldo bajo y que tienen acceso a los medios tecnológicos y al internet producto de la democratización de éstos que se ha dado en el último tiempo.
Estas personas son los nuevos salteros, los nuevos delincuentes (desde el punto de vista de los sectores más acomodados) que, debido a la marginación de la cual son objeto, se ven empujados a obtener por otras vías el acceso a ciertas cosas que no poseen. Su aspecto es completamente distinto de otros sectores sociales y por ello conforman una subcultura que tiene sus jerarquías y costumbres propias. Comparten gustos musicales y modos de vida que distan mucho de lo que el común de la sociedad querría.

Cuando se llega a la sala de clases hay que hacerlo libre de prejuicios y transmitiéndoles que ellos pueden. Decirles que no importa el contexto ni las dificultades si ellos quieren llegar a ser “alguien” como siempre se les ha dicho.

Esto que he descrito brevemente genera en muchas personas prejuicios. Todos alguna vez hemos mirado en menos a estas personas que muestran muchas veces fuerza y una presencia imponente. La falta de inclusión, muchas veces, los llevan a unirse para defenderse como sea. Sin embargo, esto esconde un montón de realidades que se reflejan a nivel de políticas públicas como a nivel de la sala de clases.

En el primer nivel vemos una política de vivienda que por años radicó a las familias, por obligación, en barrios periféricos cada vez más alejados de los centros de las ciudades sin ningún tipo de movilidad y redes para poder salir de allí. Con viviendas de mala calidad, hacinamiento, falta de mobiliario urbano y equipamiento comunitario nos encontramos con mal ambiente familiar, familias numerosas, casas en malos vecindarios y educación y cultura deficientes.

Eso se lleva también a la sala de clases.
    Porque los profesores  tienden a evitar el tratamiento del conflicto porque quita tiempo debido a que hay que lidiar con muchos estudiantes dentro del aula. Por eso es más fácil gritar que conversar con los que provocaron, por ejemplo, la distracción de algunos cuando deberían estar trabajando.
    Quisiera, en esta ocasión, relatarles la experiencia que los tutores de la agrupación de estudiantes de pedagogía Joven Educa de la Universidad de la Frontera, en Temuco, Chile, han tenido, y que puede servir de orientación a muchos profesores que se ven complicados con este tipo de alumnos.  

Primero, quisiera contarles que somos jóvenes con un promedio de 20 años de universidades del Consejo de Rectores y que, ante la falta de prácticas tempranas y la necesidad de conocer cómo es el trabajo de aula decidimos emprender un camino difícil pero que hoy nos ha traído muchas satisfacciones. Trabajamos con estudiantes vulnerables de sectores rurales.

Y precisamente uno de estos establecimientos se parece mucho al contexto urbano y es ahí donde radica el valor de esta experiencia.  Si bien no tenemos la carga horaria de un profesor (lo que nos da algo más de tiempo para establecer un diagnóstico de su realidad incluso a través del análisis de sus dibujos) hemos podido iniciar estrategias innovadoras para poder identificar las necesidades del grupo-curso. Y en ese empeño nos encontramos con múltiples requerimientos de sus profesores que se quejaban porque no trabajaban.  

¿El secreto, dirán ustedes? Nuestros tutores no conversaron con los profesores previamente pudiendo llegar libres de prejuicios. Aun está costando, por ejemplo, hacer que cuando vuelvan del recreo trabajen inicialmente; sin embargo cuando se inicia la actividad son los mejores del colegio. Sus maestros han quedado fascinados porque gente que no trabajaba con nada hoy es la primera en terminar.   

Por eso me atrevo a compartir una conclusión que sólo la experiencia nos enseñó: que cuando se llega a la sala de clases hay que hacerlo libre de prejuicios y transmitiéndoles que ellos pueden. Decirles que no importa el contexto ni las dificultades si ellos quieren llegar a ser “alguien” como siempre se les ha dicho.
Porque la diferencia entre el simple flaite que no quiere trabajar y el estudiante que tiene ganas de hacerlo radica, entre otras cosas, en las expectativas.

La imagen ha sido extraída de http://www.cuc.uncu.edu.ar 

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