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¡Por un mísero berlín!

berlin pastel2No sé si lo he expresado en otras publicaciones pero decidí ser profesora porque me gusta, amo mi trabajo,  respeto a mis alumnos y sufro cuando hay injusticias.

Esta es mi realidad:

Un día cualquiera, en un colegio cualquiera me encuentro sentada completando unos documentos, al lado del pasillo el taller de cocina olía a berlines recién fritos en abundante aceite. Afuera, de pie mirando con ansias un niño, cliente frecuente de los pasteles, dulces y embeleques que producen los otros niños de cocina, todos los días sagradamente pone unas monedas en su bolso para comprar alguna cosita.

Ese día cualquiera, olvidó llevar dinero, pero el aroma de los berlines le llegaba hasta las tripas. Se acercó amablemente y le indicó a la "docente" si le podía fiar, que él siempre compraba y que era responsable. A lo que la "pedagoga" respondió que no y que se fuera porque estaba en la ventana mirando igual que los perros.
El niño se quedó de pie, sin reacción alguna... supongo que por la inmensa cantidad de medicamentos que debe consumir para controlar una epilepsia que apenas lo deja vivir....

Educar con amor y respeto vale más, mucho más que cualquier cosa y eso lo sabe cualquiera que de vocación sigue este camino.

Uno de los niños que se encontraba dentro del taller, tomó el berlín que había comprado para sí mismo y lo partió para compartirlo, a lo que la "profesora" indignada le dijo: "¡Éntrate altiro!, ¡Voh no tení ná que estar dando tu comía"  los demás niños, que se dieron cuenta de la situación quedaron en silencio, con un nudo en la garganta, el mismo que sentía yo tras el escritorio... él niño bajó a paso lento y en silencio.


Me paré del escritorio y fui al taller, pagué los míseros doscientos pesos que costaba el famoso berlín y se lo hice llegar con uno de los alumnos, me escondí tras la puerta a mirar como lo disfrutaba con tantas ganas, los niños del taller me dieron las gracias y dijeron: "nosotros teníamos pena porque no le podíamos dar"  A lo que respondí que estuvieran tranquilos, que no era su culpa, que había visto y escuchado todo.


La mujer salió de la sala dando un portazo, yo sólo la seguí con la mirada.

En la tarde me entero que el niño fue hospitalizado de urgencia porque tuvo una crisis que a penas pudieron controlar...
Entonces me pregunto: ¿Tanto le costaba a la mujer darle un berlín?, ¿Acaso ella no tiene hijos? y en el peor de los casos, ¿Acaso es incapaz de hacer feliz, por un mínimo instante a un niño cuya vida pende de un hilo?

Esa es mi historia, una historia que me cuesta contar, que odio recordar pero queda a reflexión de ustedes, que cada día comparten con sus niños las aulas. Educar con amor y respeto vale más, mucho más que cualquier cosa y eso lo sabe cualquiera que de vocación sigue este camino.


Aclarar: que ella no es docente, no estudió pedagogía sin embargo se desempeña en un establecimiento como tal.

Este artículo fue escrito por la autora en su blog http://del-bufon.blogspot.com.es/2012/04/su-nombre-es-claudia.html

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