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Una tarde maravillosa

educacin

Antes de contar la historia, he de devolverme un par de años por mi pasado.

Corría el 2005, me encontraba yo estudiando administración de empresas en el liceo, especialidad que elegí con intención de estudiar ingeniería comercial. Pero me fui dando cuenta que mi vocación no iba por ahí… pensando en mi futuro, me di cuenta que me gustaba la pedagogía. En realidad desde chica fui cercana, recuerdo haber tenido a mis peluches ordenados en una sala imaginaria y yo les enseñaba a escribir… mis Barbies y mis monitos luego también iban al colegio y en primero medio me juntaba los sábados con mis compañeros con problemas en matemáticas para enseñarles o reforzarles. Sin embargo, nunca había reparado en eso, hasta que conocí al profe de historia más bacán que tuve en toda mi historia de enseñanza básica y media. Yo amaba hace años la historia y con este profesor empecé a pensar ¿existirá la carrera de profesor de historia?

Una amiga de la media me averiguó las carreras y me decidí: postularía a Pedagogía en Historia y Geografía en la ULS. Cuento corto, di la PSU me fue bastante bien, fui la primera seleccionada de la carrera, pasé todo cuando debía, nunca me eché un ramo ni di examen. Ahora, primer semestre de 2011 me encuentro realizando mi práctica profesional en un liceo municipal de La Serena, en un tercero medio, tengo 32 hombres y 4 mujeres.

Desde que comencé mi práctica con ellos, a mediados de marzo, la relación ha ido cambiando siempre para bien. De partida, son un excelente curso, conversadores como cualquiera, pero no desordenados, al menos en mi clase se portan bien.

Son participativos, les puedo preguntar cosas y ellos también me preguntan a mí. Hoy fue mi novena clase con ellos, cada día llego muy feliz por mi labor realizada y por la forma como ellos absorben lo que yo les enseño. Una maravilla. Tanto así que he soñado haciéndoles clases varias veces.

{xtypo_quote_left}Profe, para usted igual, aunque no tenga hijos, es como nuestra mamá{/xtypo_quote_left}Pero hoy, sucedió algo que me hizo desbordar de felicidad, lejos la mejor tarde de toda mi práctica, tanto así que hasta me da miedo que sea un sueño de esos súper reales que cuando te despiertas quedas todo decepcionado porque no fue verdad.

Resulta que hoy fue una profesora de la U a supervisar mi clase. El tema, introducción a la historia de Roma. Estaba nerviosa, pero entrando a la sala decidí olvidar que estaba ella, y en realidad fue una excelente clase, los niños se portaron muy bien, trabajaron, tomaron apuntes, preguntaron cosas y respondieron lo que yo les pedía. Fenomenal. Al final de la clase no pude evitar abrazar a mi supervisora, me sentía demasiado emocionada porque tenía la seguridad de haberlo hecho bien. Y no me equivoqué. Mi profesora guía me comentó las cosas positivas que me encontró mi supervisora. Un peso menos.

Luego tuvimos reunión de apoderados, y a diferencia de la reunión pasada, cuando nadie me conocía, esta vez los apoderados me saludaron, incluso hubo dos que se acercaron a mí a preguntarme por sus hijos… me sentí tan profe “de verdad”, fue genial. Seguido de la reunión hubo una convivencia por el día de la madre… sorpresa número 1, los niños me incluyeron y me armaron un platito con cosas ricas para comer. Todo muy ameno, compartí con los apoderados, y me emocioné cuando dos niños del curso demostraron sus dotes con la guitarra dedicándoles una canción a las mamás. Y luego, la gran sorpresa, el broche de oro para esa tarde feliz… les entregaron rosas a las mamás y una bolsita de cartón con chocolates dentro. Yo los miraba a todos como les entregaban el regalito a sus mamás y las regaloneaban, estaba tan entretenida mirándolos, y en eso un niño del curso se acerca y me dice… “profe, para usted igual, aunque no tenga hijos, es como nuestra mamá”, y me entrega mi rosa y mi bolsita. Definitivamente morí de la emoción, porque yo bajo ningún motivo esperaba que me tocara algo, si alguien que realmente es como su mamá es mi profe guía, porque es su profesora jefe, pero que me consideraran a mí, la profe practicante, fue maravilloso. Luego un par más se me acercó y me preguntaron si me habían dado regalo, cuando les dije que sí, me dijeron “aah qué bueno profe… es que nosotros somos sus hijos practicantes”… si hubiera sido un mono animado, seguro se me ponen los ojos como el Gato con Botas de Shrek.

Y luego, al llegar a mi casa, en mi casilla institucional había un correo de la supervisora, que empezaba así “Daniela. Con respecto a tu clase, te cuento: Me encantó, muy amena, agradable, muy motivadora.” Lo demás, felicitaciones por la labor realizada y algunos detalles totalmente corregibles…

En conclusión: una maravilla de tarde, la mejor en mucho, mucho tiempo.

NR: La autora nos autoriza a tomar su relato desde su blog original  http://cazandodrosophilas.blogspot.com

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