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Cada uno de sus logros es un premio

Este texto ha sido enviado por Luis Salfate, profesor de Educacón Básica desde hace dos años. Actualmente, como nos cuenta él mismo, trabaja en una escuela especial.
Hace más o menos dos semanas comencé a trabajar en una escuela de educación especial, y he de reconocer que acepté el trabajo sólo porque no tenía mucho que escoger: era eso o me quedaba sin trabajo. Iba con mucho miedo a enfrentarme a estos niños, más aún cuando se trata de una escuela rural. Pero, al llegar a la escuela, fue todo muy diferente. Algo pasó que hizo darme cuenta de que la educación especial es lo mío.
Actualmente tengo 8 alumnos en el básico 6 (que no es lo mismo que sexto básico). Es el curso más exigente ya que los alumnos van con sus madres, por lo que soy el profesor más expuesto en el colegio.  Me gusta que sea así, ya que es un desafío enorme, pero también es demandante ya que es un curso de niños con multidéficit.
Es bastante rico, gratificante y admirable trabajar con estos niños que no se complican, que trabajan y socializan al igual que el resto de los niños.
Algo que me molesta es que traten con lástima a estos niños con el típico "pobrecito", creo que no debería ser así. Debemos admirarlos porque, a pesar de sus limitaciones, siguen adelante. Quienes los miran así son irrespetuosos. En una ocasión tuve una salida a terreno con un niño junto a su madre; nos subimos a un bus y nadie fue capaz de cedernos el asiento, aún cuando tenía al alumno en brazos y su madre guardaba la silla. Me tuve que sentar al final del bus en uno de los pocos asientos que estaba libre. ¿Y la ley donde queda?
Lo que era una realidad que sólo veía en la televisión en la Teletón, se convirtió en mi día a día. Valoro y agradezco la experiencia, pues he aprendido a mirar de manera diferente este trabajo. El ser profe no se compara con ninguna otra profesión. La experiencia y lo que se vive es maravilloso: cada logro que estos niños alcanzan es un premio para cada uno de nosotros.
Profesor Luis SalfateEsta reflexión ha sido enviado por Luis Salfate, profesor de Educacón Básica desde hace dos años. Actualmente, como nos cuenta él mismo, trabaja en una escuela especial.
Hace más o menos dos semanas comencé a trabajar en una escuela de educación especial, y he de reconocer que acepté el trabajo sólo porque no tenía mucho que escoger: era eso o me quedaba sin trabajo. Iba con mucho miedo a enfrentarme a estos niños, más aún cuando se trata de una escuela rural. Pero, al llegar a la escuela, fue todo muy diferente. Algo pasó que hizo darme cuenta de que la educación especial es lo mío.
Actualmente tengo 8 alumnos en el básico 6 (que no es lo mismo que sexto básico). Es el curso más exigente ya que los alumnos van con sus madres, por lo que soy el profesor más expuesto en el colegio.  Me gusta que sea así, ya que es un desafío enorme, pero también es demandante ya que es un curso de niños con multidéficit.
Es bastante rico, gratificante y admirable trabajar con estos niños que no se complican, que trabajan y socializan al igual que el resto de los niños.
Algo que me molesta es que traten con lástima a estos niños con el típico "pobrecito", creo que no debería ser así. Debemos admirarlos porque, a pesar de sus limitaciones, siguen adelante. Quienes los miran así son irrespetuosos. En una ocasión tuve una salida a terreno con un niño junto a su madre; nos subimos a un bus y nadie fue capaz de cedernos el asiento, aún cuando tenía al alumno en brazos y su madre guardaba la silla. Me tuve que sentar al final del bus en uno de los pocos asientos que estaba libre. ¿Y la ley donde queda?
Lo que era una realidad que sólo veía en la televisión en la Teletón, se convirtió en mi día a día. Valoro y agradezco la experiencia, pues he aprendido a mirar de manera diferente este trabajo. El ser profe no se compara con ninguna otra profesión. La experiencia y lo que se vive es maravilloso: cada logro que estos niños alcanzan es un premio para cada uno de nosotros.
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